18 de febrero de 2012

Libro "ASFIXIA" (Cuentos, 2011, Editorial Eureka) por Roberto Row



Prólogo
Parafrasear líneas en un prólogo, sobre todo cuando todo está escrito sobre ello (sobre la forma, el sentido, la metáfora) parece inútil. Digo parece, de manera ambigua y arbitraria, porque sé que tiene un significado.
Trataré de aclararlo: los cuentos y relatos que se reúnen en “Asfixia” poseen un carácter mediador. En mis momentos de lucidez (pragmática, sencilla, sin ser intelectual) escribí algunos; otros fueron por azar; los restantes surgieron a partir de la ambiciosa y ardua tarea de conseguir un premio. Viajaron a Nimes, en Francia, sin suerte. A Venezuela, Colombia, Perú, Canadá y por supuesto, Argentina. Algunos con suerte lograron una mención. Otros ganaron el primer premio. Otros, fueron borrados de la base de datos.
Con esa pretensión inverosímil de ser un escritor aceptado, premiado, laureado, se gestaron sin una homogeneidad que hubiese resultado tediosa para mí. Ambicionan gloria. Que la tengan por derecho propio, no el delegado por mis incertidumbres, ni por las ajenas, sino por sí mismos, ya sería el mayor de los premios.
Mi endeble locura, junto con las ajenas, parece querer ser sabia. Perpetra una forma que me resulta extraña, inadecuada. Cuando me siento y la vislumbro, la admiro. Pretendo compartir (no explicar) una parte de esos sentimientos encontrados, que me sofocan, me asfixian. Forman parte de mi ser, y de mi otro ser. “El loco”, “El hombre con el pelo en la frente”, “Mujer Mosquito” y “El laberinto y el sueño” se enmarcan en esa delicada línea entre la razón y la locura. Entre el sueño y el abismo. Entre la fantasía y la realidad. Los otros, no menos desdeñables, terminan de dar forma al libro, y dejan ver entre líneas la emancipación de mi ser razonable. Los entenderé, luego, cuando expresen el sinsentido de algunos. O el de todos.
Retomando la retórica del prólogo, veo que es exigua la diferencia entre que lo escriban mis dedos sobre un teclado, u otros ajenos. Exigua la diferencia entre uno bien escrito y su antítesis. Decir unas líneas antes, que las lean, produce placer. Para el lector, que puede detener automáticamente la lectura y encontrar útil esta página; y para mí, la satisfacción de habérmelas ingeniado para hacerles perder el tiempo. El tiempo, que parece haberse convertido en un instrumento de utilidad, cuando en realidad, es, y seguirá siendo, un parámetro de distancia.

 
Roberto Rowies. Buenos Aires. 22 de julio de 2011.