13 de enero de 2012

II por Roberto Row



Un escultor trataba de darle forma al amor en una piedra. Años y años de perplejo estudio, de esforzada preparación, para tener esa idea absurda, vacía.
Esculpió y esculpió, tratando de ser pefeccionista, como la nueva etapa del arte intentaba ser.
Pudieron esculpir hasta el odio, pero jamás el amor. Por eso el escultor, el cincel y el martillo, durante un tiempo de fama, intentaron ser uno.
No haber amado le sobrecogió, ya que su obra al fin estuvo clara.
Una piedra enorme había sido reducida a un par de ventrículos, un músculo, y dos arterias largas y gordas.

De "Necrología de Famas", 2012.