14 de diciembre de 2011

RELATO INÉDITO ANÓNIMO


           

"La pareja abominable" -Juan Carlos Boveri-

         Teníamos el rostro mojado. No sé si de llorar o de la lluvia, o de las dos cosas. Lo cierto es que no nos dimos cuenta de cuánto caminamos o dejamos de caminar, si avanzamos o retrocedimos. Permanecimos erguidos frente al cristal, alejados de esa duda pasajera que provoca el miedo y la adrenalina. Ambos sabíamos el fin de aquella morbosidad. ¿Qué necesitábamos saber más que éramos unos pobres ignorantes dueños de nada?. Ni siquiera el lodazal de la calle nos pertenencía.
Era una tarde de enero. Un enero lluvioso y fatigado, pero nos daba casi igual. Nos acometimos a una idea poco conocida, por primera vez. No la de pedir "por favor" o haraganear el resto de alguna comida, sino la de efectivamente producirla, accionarla, llevarla a cabo.
Me escabullí entre las sillas hacia una baranda, rápidamente, y la atravesé sin esfuerzo. Ella sujetó al hombre por la espalda y le apuntó. Vacié la caja y me perfilé hacia la calle donde aun llovía. Adentro, entre gritos, pude escuchar el eco de dos disparos. Me apresuré entre los charcos, buscando mi vehículo. Ella, detrás, corría lamiendo las gotas que surcaban su mejilla, y se reía. Yo la abracé y fingí comprenderla, pero no pude evitar preguntarle por qué lo había hecho. Ella ahora lloraba y necesitaba ocultarlo. 
La tuve entre mis brazos y la sangre de alguien chorreaba por mis piernas; tan tibia, tan sofocante. Su herida, era mortal.
Me pregunté muchas veces qué cosas ocurrieron tan perfectamente para llevarme a ser un delincuente, o qué cosas hice tan mal como para merecerlo. Como todos los hombres que algún día adquieren la suficiente conciencia para comprender sus atrocidades, yo he adquirido esa forma. 
Supe que el hombre muerto era mi padre, y la mujer mortalmente herida, mi abominable esposa.

Roberto Row.
Publicado bajo el seudónimo de Roberto Bagg, en febrero de 2005, para la revista TLON, Buenos Aires