14 de diciembre de 2011

LUCAS



            Lucas podía ser Lucas, o el apóstol que casi todos conocían por ser apóstol. Podía ser el otro Lucas, o ser Lucas, simplemente, el de la esquina.
Pero su fama no era producto de su nombre, sino de su prodigio, su precocidad. Sí, decir precocidad en el siglo XXI es gracioso, porque todo es precoz. El sexo, la ninez, la adultez, el adulterio, la fama inclusive.
Lucas había matado a los 8 años, con un revólver de su abuelo; su padre había violado a su hermana, en una casita humilde del barrio de Berazategui, en el gran Buenos Aires; cuidad de polvo y mala muerte. Le disparó por la espalda, a lo cobarde, pero hizo justicia. Su hermana, con sólo 11 años, tuvo que sufrir su primer aborto. Su madre murió, a los meses, como consecuencia del consumo ininterrumpido de paco y cocaína de mal gusto.
A los 10 lucas robó su primer supermercado. A los 11, con una banda a cuestas, mató al primer policía.
Tal era su precocidad, que en su momento los periódicos y otros medios, se preguntaban atónitos cuál sería el fututo de ese chico. El reformatorio no lo podía contener; la cárcel no albergaba a jóvenes tan jóvenes, y la reclusión domiciliaria hubiera sido efectiva si hubiese existido una casa para Lucas.
A los 13, siendo casi un hábil litigante de las calles, dio su primer gran golpe. Organizó la noche del 13 de Febrero de 2010, el asalto a un camión blindado, proveniente del banco Comafi. Utilizó artillería de alto calibre y mató a los tres guardias el sólo; los demás, no deliberadamente, se asombraron de su genialidad.
Lucas un año más tarde, asaltó un banco. No le hizo falta un arma, ni una escopeta, ni una metralla, sólo decir que era “Lucas, el apóstol”, como lo llamaban en Berazategui y en casi todos lados. Se embolsó casi 10 millones de pesos.
Por esa época, los medio sufrían un colapso generalizado. Se preocupaban demasiado por la política, por las mujeres de otros hombres, por el pasado; el cataclismo los hizo vulgares, y cotidianamente se cruzaban disputas de uno y otro bando, a ver quién tenía razón.
Lucas fue ignorado. Su golpe fue ridiculizado al no aparecer en ningún medio. Lucas, ese día, se dio un tiro en la sien.
Diez años más tarde una joven encontró en la precocidad un parecido entre él y Mozart, el compositor.

Roberto Row.