6 de agosto de 2011

REVISTA DIORAMA

Editorial Eureka y la experiencia de autoeditarse, por Roberto Rowies



Le experiencia de publicar es, sin duda, uno de los placeres más grandes para un escritor. Uno que, medianamente, pueda solventar económicamente el augurio o la esperanza de una mala recepción por parte del público, o sea fracasar en las ventas. Para los demás, los que con esfuerzo editan con una imprenta y fracasan en la venta, para ellos está destinado un amargo comienzo. Sin embargo, la sensación de verse impreso, es gratificante.


Los tiempos pasan, los moldes cambian, los formatos se rompen. En mi ardua búsqueda, a veces ambiciosa, de ser publicado, hubo un tiempo que perdí el interés. Las editoriales me rechazaron; por falta de tiempo, pocos recursos para editar a un desconocido, o simplemente porque no encontraban en los textos el valor agregado para una venta exitosa. ¿Cuál es el secreto? me pregunté siempre. El secreto (siempre cuestionado), es una combinación de mala literatura con gustos masivos. Así un libro vende. Y podemos hojear las páginas de cualquier diario conocido para darnos cuenta de los libros que la gente consume. Escritores de afuera, consumados por alguna película, o libros que te dicen, predice, predican, informan, y hasta ordenan la vida.


Los que leemos, sabemos que los grandes escritores nunca estuvieron bajo la tutela de un libro best-seller. Limaron asperezas antes, luego escribieron, y más tarde, algunos jamás, llegaron a publicar.


En ese intento histórico de mi memoria (de no ser olvidado), de no ser peyorativo con los gustos masivos y el placer de verme publicado, me llevaron a auto publicarme. ¿Vanidad? ¿Insuficiencia en los textos? No lo sé. Es un concepto que se mide con una sola vara, la de la subjetividad.



Auto editarse

Cuando se llega a este punto, probablemente es porque tengamos la certeza de que algo queremos comunicar, sea por el medio que sea. Parafraseamos continuamente lo que somos, lo queremos, lo que soñamos, por medio de las redes sociales. Intentamos comunicarlo a los demás, buscamos aceptación, medida, conformidad. En esa búsqueda, a veces, nos encontramos, nos reflejamos, nos damos y reímos de nosotros mismos.


Así fue que concebí el formato. No un e-book, sino una combinación entre un libro digital, un DVD y un libro. La tapa es la de un libro, pero para el formato de la caja de un DVD. Así es la tapa: en los dos primeros libros que publiqué, incluí audio de los relatos, hechos con un sintetizador de voz. En "Asfixia", los desestimé. La poca gente que compró el segundo, quedó insatisfecha. El primero, para ser sincero, fue un fracaso. Los terminé regalando para difundir el material.


En "Asfixia" me centré más en lo quería decir en la tapa, en el diseño. Ser breve, fuerte, conciso. Llegar antes que el razonamiento. Impactar. Fue el diseño más sencillo que hice de los tres, el que menos me costó, porque dejé que saliera de mis gustos particulares, de mi inercia. Así lo gesté. El prototipo de libro puede no satisfacer a todo lector, porque no está en papel, y el que no tiene ordenador no lo puede leer.

Básicamente, tomé esos parámetros para volver a realizarlo así. El mercado editorial en papel, está siendo arrasado por los ebook de las megacompañías americanas. Bubok, Google Reader, Amazon, Lulú, por nombrar algunas, ya tienen a la venta libros vía descarga directa. ¿Qué si yo lo intenté? Por supuesto. Nada quedó sin socavar.


Agoté todas las instancias. No vendí ni uno. Y eso que los puse a un precio irrisorio.


Así llegué a confeccionar mis propios libros. Investigué cómo diseñar, maquetar y grabar libros en el formato, y lo hice. El costo es mínimo, comparado al de una edición de autor, en una imprenta. La difusión vía redes sociales. Envío por correo, y caminar y ofrecer. Si alguien leyó y conoce la historia de “El bolígrafo de gel verde”, sabe a lo que me refiero. Caso contrario, recomiendo paciencia, esmero, dedicación y perseverancia.

Sostenerse

Mantener el equilibrio no es fácil. Si la venta no funciona parece que todo se cae, que el escritor que tenemos adentro se desvanece, que los sueños se esfuman. Insistan.


Si se autopublican corren ese riesgo. Pero una de las ventajas, la mejor diría, que el placer es absoluto. Y además que pueden hacer la cantidad que deseen, o que les pidan. Si tiene la suerte de colocarlos en algún puesto de diarios, librería, o comercio, van a ver que las ventas mejoran considerablemente.


Finalmente, les puedo resumir el proyecto en simples objetos, virtuales y mecánicos:


Escribir, tener una computadora, una impresora (para las tapas del DVD), internet, hacer un blog (es gratis), una página en Facebook, en Twitter, algunos cds, tapas de DVD (tiene de costo menos de $1), y el diseño.

Libro "Asfixia", Ediciones Eureka, 2011

Prólogo de la primera edición. Buenos Aires, julio 2011

Parafrasear líneas en un prólogo, sobre todo cuando todo está escrito sobre ello (sobre la forma, el sentido, la metáfora) parece inútil. Digo parece, de manera ambigua y arbitraria, porque sé que tiene un significado.


Trataré de aclararlo: los cuentos y relatos que se reúnen en “Asfixia” poseen un carácter mediador. En mis momentos de lucidez (pragmática, sencilla, sin ser intelectual) escribí algunos; otros fueron por azar; los restantes surgieron a partir de la ambiciosa y ardua tarea de conseguir un premio. Viajaron a Nimes, en Francia, sin suerte. A Venezuela, Colombia, Perú, Canadá y por supuesto, Argentina. Algunos con suerte lograron una mención. Otros ganaron el primer premio. Otros, fueron borrados de la base de datos.


Con esa pretensión inverosímil de ser un escritor aceptado, premiado, laureado, se gestaron sin una homogeneidad que hubiese resultado tediosa para mí. Ambicionan gloria. Que la tengan por derecho propio, no el delegado por mis incertidumbres, ni por las ajenas, sino por sí mismos, ya sería el mayor de los premios.


Mi endeble locura, junto con las ajenas, parece querer ser sabia. Perpetra una forma que me resulta extraña, inadecuada. Cuando me siento y la vislumbro, la admiro. Pretendo compartir (no explicar) una parte de esos sentimientos encontrados, que me sofocan, me asfixian. Forman parte de mi ser, y de mi otro ser. “El loco”, “El hombre con el pelo en la frente”, “Mujer Mosquito” y “El laberinto y el sueño” se enmarcan en esa delicada línea entre la razón y la locura. Entre el sueño y el abismo. Entre la fantasía y la realidad. Los otros, no menos desdeñables, terminan de dar forma al libro, y dejan ver entre líneas la emancipación de mi ser razonable. Los entenderé, luego, cuando expresen el sinsentido de algunos. O el de todos.


Retomando la retórica del prólogo, veo que es exigua la diferencia entre que lo escriban mis dedos sobre un teclado, u otros ajenos. Exigua la diferencia entre uno bien escrito y su antítesis. Decir unas líneas antes, que las lean, produce placer. Para el lector, que puede detener automáticamente la lectura y encontrar útil esta página; y para mí, la satisfacción de habérmelas ingeniado para hacerles perder el tiempo. El tiempo, que parece haberse convertido en un instrumento de utilidad, cuando en realidad, es, y seguirá siendo, un parámetro de distancia.


Roberto Rowies. Buenos Aires. 22 de julio de 2011.

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