31 de octubre de 2010

Buenos Aires "capital mundial" del libro 2011

BUENOS AIRES FUE ELEGIDA CAPITAL MUNDIAL
DEL LIBRO 2011 POR LA UNESCO


Raquel San Martín
LA NACION
"Dicen que en Buenos Aires no hay que salir a buscar los libros, porque los libros lo encuentran a uno." El argumento del gobierno de la ciudad convenció a la Unesco, que acaba de elegir a Buenos Aires como capital mundial del libro para 2011.
La noticia -que ayer entusiasmó al ambiente editorial local- significa que, durante un año, toda la producción literaria y de publicaciones porteña se desplegará ante el mundo, se multiplicarán aquí las actividades vinculadas con los libros y la lectura, y se estrecharán vínculos con editoriales de distintos países, que abrirán la puerta a nuevos negocios.
En la selección -que la Unesco realiza anualmente desde 2001- Buenos Aires le ganó a Caracas, La Habana, Lagos (Nigeria), Porto Novo (Benin), Sharjah (Emiratos Arabes) y Teherán.
Entre las razones para elegir la capital argentina, la Unesco rescató "la calidad y variedad de acciones que promueven la actividad literaria" en una ciudad que "cultiva la lectura y la creación como una de sus principales actividades simbólicas".
En la candidatura que presentó el gobierno porteño, se describe un panorama de la constante y creciente actividad que rodea al libro en Buenos Aires, y que va desde la multitudinaria Feria del Libro hasta la presencia de las bibliotecas populares; de las editoriales grandes y pequeñas que sostienen una producción constante a las librerías en todos los barrios; del Festival Literario de Buenos Aires a la promoción de la poesía con distintas acciones; de la Noche de las Librerías a la Semana de la Lectura en las escuelas.
La mirada del mundo "Esta selección significa que durante un año el mundo literario y vinculado con el libro va a mirar a Buenos Aires. Las ciudades en que esto ya sucedió se posicionan internacionalmente. Es un salto cualitativo para la industria editorial", dijo a LA NACION el ministro de Cultura de la ciudad, Hernán Lombardi, que motorizó la iniciativa. Desde 2001, tuvieron esta distinción, año por año, Madrid, Alejandría, Nueva Delhi, Amberes, Montreal, Turín, Bogotá, Amsterdam, Beirut este año y en 2010 será Liubliana, en Eslovenia.
La candidatura supone el compromiso de que el gobierno porteño aportará un millón de dólares durante el año para financiar actividades que propone. "También habrá aportes privados, de instituciones y de fondos internacionales", dijo Lombardi. Varias empresas acompañaron la candidatura, e instituciones como la Cámara Argentina del Libro y la de Publicaciones. Para la Unesco, el año del libro se extiende del 23 de abril de 2011 al 22 de abril de 2012, el Día Mundial del Libro y el del Derecho de Autor, respectivamente.
La novedad viene a sumarse a la visibilidad internacional que tendrá la industria editorial argentina cuando el país sea invitado de honor en la Feria de Francfort, en 2010. "Este año, en Francfort, vamos a empezar a difundir la elección de Buenos Aires para 2011", se entusiasmó Lombardi. En ese año, destacó la postulación porteña, el país recordará los 100 años del Decreto sobre Libertad de Imprenta, se celebrará además el bicentenario del nacimiento de Domingo Faustino Sarmiento y cumplirá 100 años Ernesto Sabato.
Entre las propuestas que presentó la ciudad para concretar en 2011, se destacan la apertura de una biblioteca infanto-juvenil y la creación de una biblioteca pública multilingüe. También, la realización de una colección de cien clásicos universales en formato de audiolibro, un fenómeno de difusión y ventas en varios países. En distintos espacios públicos, se representarán textos de escritores sobre la ciudad. Un festival de literatura fantástica, una publicación de poetas jóvenes y una semana de librerías en los barrios son otras iniciativas.
"Buenos Aires tiene una enorme oferta de actividades vinculadas con el libro, pero eso no está visualizado en conjunto. Esto pondrá a la industria editorial local en contacto con el mundo, sobre todo con el mercado hispano y latinoamericano", comentó Horacio García, presidente de la Fundación El Libro.
Para García, sin embargo, el mayor efecto de esta elección de la Unesco no sucederá durante 2011. "El efecto no es inmediato. Esto sirve para tejer lazos y redes que luego hay que continuar con trabajo", afirmó.



Una ciudad donde la literatura está viva  
 FERIA DEL LIBRO
Una clásica convocatoria multitudinaria

  • Cada año, más de un millón de personas asisten a la Feria del Libro, que pone en contacto a escritores, lectores y editores durante tres semanas.
LIBRERIAS
Lectores en todos los barrios
  • En Palermo (foto) y la avenida Corrientes, en cada barrio y en los shoppings, las librerías son espacios de venta, pero también de encuentro con la lectura.
POESIA
Versos que atraen
  • Iniciativas como "No hay ciudad sin poesía" y "La semana de la poesía" convocan a cientos de personas a recitales de un género que mantiene un público fiel.
Lo que viene
  • Iniciativas. Entre las actividades propuestas para 2011, habrá una muestra histórica de libros infantiles, dos nuevas bibliotecas para la ciudad, un seminario sobre traducción y un concurso de afiches.

  • De a dos. También se unirán fútbol y literatura; cine y libros, y lecturas con comida en varios "banquetes literarios".

  • Privilegiados. La literatura de viajes, fantástica, infantil y la poesía serán géneros homenajeados de manera particular, con antologías y encuentros de autores.                                                                                                                                                                                                                              
  • Raquel San Martín
    LA NACION
     

27 de octubre de 2010

Muerte de Nestor Kirchner

RÉQUIEM PARA EL SEÑOR NESTOR KIRCHNER

INTRODUCCIÓN
1.- Requiem aeternam
Dales el descanso eterno, Señor,
y que la luz perpetua los ilumnie.
Mereces un himno, Dios, en Sion
y te ofrecerán votos en Jerusalen;
atiende mi oración;
todos los cuerpos van a tí;

2.- Kyrie eleison   
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.

SEQUENZ    
3.- Dies irae
Día de ira aquel día
en que los siglos serán reducidos a cenizas,
como profetizó David con la Sibila.
Cuánto terror habrá en el futuro
cuando venga el Juez
a exigirnos cuentas, rigurosamente!

4.- Tuba Mirum   
El sonido maravilloso de la trompeta
retumbando por los sepulcros
reunirá a todos ante el trono.
La naturaleza y la muerte se asombrarán
cuando resuciten las criaturas
para responder ante el Juez.
Y por aquel profético libro
en que todo está contenido
el mundo será juzgado.
Cuando el Juez se haya sentado
todo lo oculto saldrá a la luz;
nada quedará impune.
Qué podré decir yo, desdichado?
A qué protector invocaré,
cuando ni los justos están seguros?
5.- Rex tremendae
Rey de majestad tremenda
a quienes salves será por tu gracia,
sálvame, fuente de piedad.

6.- Recordare
Acuérdate, piadoso Jesús,
de que soy la causa de tu venida,
no me pierdas en aquel día.
Buscándome, te sentaste cansado;
me redimiste con la cruz;
no sea vano tanto esfuerzo.
Juez que castigas justamente,
otórgame el perdón
antes del Día del Juicio.
Gimo, como un reo,
el pecado enrojece mi rostro;
perdona, Dios, a quien te implora.
Tú que absolviste a María
y perdonaste al ladrón,
también a mí me has dado esperanza.
De nada valen mis súplicas,
pero por tu misericordia
no me envíes al fuego eterno.
Dame un lugar entre las ovejas
y separándome de los cabritos
colócame a tu derecha.

7.- Confutatis
Rechazados ya los condenados,
y entregados a las crueles llamas,
llámame con los bienaventurados.
Suplicante y humilde te ruego,
con el corazón casi hecho ceniza:
apiádate de mi última hora.

OFERTORIO
8.- Lacrimosa
Día de lágrimas será aquél
en que resurja del polvo
el hombre culpable para ser juzgado.
Perdónale pues, oh Dios,
piadoso Jesús, Señor,
dales el descanso. Amén.

9.- Domine Jesu
Señor Jesucristo,
Rey de la gloria,
libera a las almas
de todos los fieles difuntos
de las penas del infierno
y de las profundidades del lago;
líbralas de la boca del león;
que el abismo no las absorba,
ni caigan en las tinieblas;
haz que el abanderado San Miguel
las conduzca
hacia la santa luz,
que antaño prometiste a Abraham
y sus descendientes.

10.- Hostias et preces
Súplicas y alabanzas, oh Señor,
te ofrecemos en sacrificio.
Acéptalas en nombre de las almas
en cuya memoria hoy las hacemos.
Hazlas pasar, Señor,
de la muerte a la vida
como antaño a Abraham
prometiste, y a su descendencia.

11.- Sanctus
Santo, santo,
santo es el Señor Dios de los Ejércitos.
Llenos están los cielos
y la tierra de su gloria.
Hosanna en las alturas.

12.- Benedictus
Bendito el que viene
en el nombre del Señor.
Hosanna en las alturas.

13.- Agnus Dei
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
danos la paz.

COMMUNIO COMUNIÓN
14.- Lux aeternam
La luz inextinguible brille para ellos, Señor,
con tus santos por toda la eternidad.
Porque eres misericordioso.
Descansen por siempre.

Wolfgang Amadeus Mozart, Réquiem para los difuntos K.626, 1791


14 de octubre de 2010

Fragmento de la "La viuda negra"

(*) Pertenece a la serie de relatos de mi 4° libro, "Réquiem para un músico"....

LA VIUDA NEGRA

                       El tipo se llamaba Ciro no sé cuánto, era Griego, o de por ahí cerca, no me acuerdo ya, o no me quiero acordar, pero si que era griego y de los buenos. De los buenos tipos y de los que la amarrocan hasta tener varios palitos en el banco. Se le notaba en el porte, en la contextura física, en los músculos de la cara, que el tipo no era de acá. No es que lo miraran todos lo del bar cada vez que entraba y pedía café negro con tosatadas peladas, sin nada. Para mi que lo hacía para demostrar que se le bancaba, no sé, lo digo ahora, porque nunca me crucé de manos con él, aunque tampoco me hubiese animado, era un animal; fornido y me sacaba como una regla del colegio, de las de treinta centímetros. Pero parecía inofensivo, su cara lo decía, era un buen tipo ahora que me pongo a pensar bien, lástima lo que pasó hace unos días, y no lo vi más al griego. Nunca le pregunté el apellido, porque de una u otra forma, después tenés que estar inventando uno tuyo para, por lo menos, para no quedar tan mal. Yo creo que nos hicimos amigos, esa especie de amistad pasajera, que uno sabe que no va a llegar muy lejos, por más que uno le ponga lo que le tiene que poner, simplemente porque sabés que el tipo viaja, tiene otro status, y en última instancia por algo más íntimo que sólo uno lo sabe. Y en el momento que se concreta esa tercera parte de la trama, uno se pregunta si el tipo hubiese sido un buen amigo, esos de verdad, que te aconsejan y te apoyan cuando las cosas no van bien. Pero con el tiempo me dejé de hacer esas preguntas, es algo mecánico que tengo en el orga-nismo. Lo cago, desaparezco una o dos semanas por el lugar hasta que el tipo se cansa y vuelvo lo más tranqui. Yo sé que preguntan por un tal Pedro, o Diego, o Juan, nombres comunes, que se pueden confundir con cualquiera. No digo que al verlos se confundan. No. Mi cara no se la pueden confundir con la de nadie, por más que otro se llame igual que yo, es práctimente imposible. La del griego no; era rara, pero confundible con la cualquier europeo que ande dando vueltas. El problema estuvo siempre en el metro noventa y pico del tipo. Yo se lo decía a Alejandra, que me daba mala espina, que el tipo no era común y que despues había que verselas con ese lungo, que podía tener contactos por todos lados, qué se yo que más le decía; era el cagaso de hacer algo groso de una vez por todas y terminar defini-tivamente con éste laburo. Alejandra fue la que me convenció. Lo vio medio tibio al griego con res-pecto a las mujeres, y ese fue el gancho ideal.

3 de octubre de 2010

Cuento, Plaza Constitución (2002), de Roberto Rowies

Quinto compás

Se abrió una página. Una página nueva. Me desaté los cordones de unos zapatos viejos y gastados y me quedé descalzo. Entonces salí a caminar, de a poco, para sentir el rigor del suelo de piedra; frío y decolorido. Creo que de eso se trata un poco la vida. Derribar castillos, conjeturas, sueños, frases hechas y construir nuevas; con nuevos ojos, descalzo, en cuero y con las manos limpias.

2 de octubre de 2010

Concurso zonaliteratura.com.ar

 PLAZA CONSTITUCIÓN
por Roberto Rowies
(votar en el siguiente enlace para concurso)


Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, Pablo Neruda.
                
                  Es una frase que poco tiene que ver con los sucesos que voy a narrar, tampoco tienen éstos algo más de irrelevancia que lo dicho por Neruda. Sin embargo, los encuentro necesarios y, acaso, imprescindibles para la vida de todo individuo. Sentado aquí les escribo, o les describo, todo lo que está a mi alrededor, todo lo que funciona. (Hace más de una hora que espero, aunque sé que sólo la veré caminar hacia mi por el camino, uno de los dos que hay, sin contar con algunas bifurcaciones para los dos lados de la plaza, recién en la hora entrante). A la derecha del sendero de árboles (que divide los dos caminos principales que cruzan la plaza) se despliega con toda su gracia un arenero con varios juegos para chicos y por qué no para algún mayor con alma de niño; se encuentra a mi derecha también. Yo lo considero como el alma de la plaza, el símbolo. Sin arenero con juegos y chicos no existiría lo que se denomina “plaza”. Aquí no hay chicos. 
    El banco es demasiado bajo para mi estatura, sin embargo hace una hora y cuarto que estoy y no he sentido incomodidad. Es de esos que poseen maderas finas ubicadas de tal forma que se arquean en las piernas y en la espalda; ¡son los clásicos bancos de plaza!. Están baqueteados por el maltrato y solo dos, de los ocho que alcancé a contar, conservan intactas todas sus piezas, a excepción de la pintura.
    Una paloma agita sus alas aterrizando exitósamente a mis pies; me recuerda que ya debe ser la hora y miro el reloj: pasaron ocho minutos desde que observé el arenero. Ahora las palomas son muchas y picotean el suelo que está minado de florecillas amarillas que caen de los árboles. Varios palomos muestran su envergadura empujando a las más jóvenes, ¡que delicadas que son!, no he visto ave doméstica más elegante y sutil. Inspiran (creo) a la parte más bella de la plaza, ¡que importantes que son!, sin ellas tampoco  habría lo que se llama “plaza”. Se mezclan (justo cuando observo a tres cartoneros en uno de los bancos a seis metros), unos gorriones entre las palomas y los palomos. Intentan jugar.
    Bostezo por primera vez (acaso un amigo mio sabe a causa de que) y sigo con la mirada la labor de los tres hombres. Doblan forzadamente los cartones, los apilan y luego los atan con una cinta difícil de cortar. Mientras tanto ríen (no sé qué los motiva), ríen felices de algo (y recuerdo ahora la frase del poeta). Pienso preguntarles algo importante para mi cuando tenga que irme, dudo que no sepan la respuesta.
    Miro nuevamente el reloj, faltan quince minutos. No sé por qué llegué tan temprano (seguro que usted se lo preguntó también), pero no me niegue que nunca sintió ansiedad en las vísperas de una cita, o estando en ella. No me niegue que no hizo locuras y hasta no dio unas vueltas antes de verla ahí sentada, con las piernas cruzadas, sobre el vestido floreado, esperando. No me diga que no se quedó un momento observando esa postal universal, ese amor primerizo, esa sensación vaga, intensa e indescifrable llamada amor, vaya a saber uno por qué. No me lo niegue. Yo no le miento. Llegué temprano, me anticipé a su ronda, sin duda. No sé bien con cuántas horas o minutos, pero le aseguro que me siento cómodo, distendido, a la espera. (No le voy a mentir, cuando la vea caminar por el sendero de flores amarillas, de árboles, ella y su dulce rostro me van a confundir. El tiempo no va a ser tiempo, la duda va a ser desestimada, la ansiedad será ahogo, la cosquilla, hormigueo persistente y casi molesto). Yo la espero hace más de una hora y cuarenta cinco minutos, pero ¿importa el tiempo?. Importa que llegue y se siente junto a mi, eso sería muy importante. Denotaría que estuvo buscándome por toda la plaza (aunque yo no le indiqué exactamente el lugar) y, acaso, exprese cierta alegría al verme.
    La busco entre la gente que camina  por ambos senderos a mi izquierda, ya está por ser la hora y quizá llegue antes de lo previsto (no acostumbraba a hacerlo). Las personas pasan y no miran; estoy sólo sentado en un banco con muchas palomas, palomos y gorriones que me dividen de los tres cartoneros; ¿no es una digna postal para observar? ¿acaso es una imagen frecuente?.
    Un señor cruza entre las palomas (éstas se elevan pero caen a los pocos metros) y me pide fuego. Con mis manos le hago gestos de que no poseo (ubico ambas manos en los bolsillos y con la cabeza niego poseer algo). Los gestos los interpreta a la perfección y se sienta a unos metros,  en un paredoncito. Intenta prender el cigarrillo con su encendedor y lo consigue (aunque con esfuerzo), luego lo fuma y se retira. Me hubiese gustado pedirle uno.
    Las agujas llegan al momento pactado; ni la sombra de ella aparece por el lugar.Trato de disuadir mi enojo (en realidad la ansiedad) escuchando el tránsito pesado que circula por Avenida San Juan. Sin los autos que se agolpan, producen ruido e intoxican el ambiente la plaza sería mejor, pero en realidad ¿sería mejor?. ¿Acaso a falta de una cosa la otra sería necesariamente mejor? ¿No es posible que algo fuera ese “algo” por sí mismo?.
    Pasaron quince minutos (porque cinco los utilicé para cerrar los ojos y dejar mi rostro merced del sol que apenas entraba entre los árboles). No llegó. ¿Estará buscándome? ¿O sentada, observando las vicisitudes de la realidad espera que yo llegue por uno de los senderos hace dos horas y cuarto?.
    No me levanto del banco y pienso qué situación es la más correcta: “que yo esté esperando o que ella lo esté haciendo”. Sin duda lo segundo. Lo primero resultaba tedioso, pero cómodo al fin; lo segundo era de una responsabilidad mayor; había que encontrar algo al momento pactado. La primera no poseía esa responsabilidad (pero era fundamental llegar antes para esperar). Entonces, aunque pequeña, había una regla: llegar antes.
        Suena la alarma del reloj (indica que no debo esperar más, pasó el tiempo tolerable), y me levanto. Pero, ¿es imposible esperar más? ¿Y si llega cuando yo no estoy?. ¿Me esperaría ella a mi entonces?. (Me siento y espero quince minutos más). No llega. ¡Ahora si me voy!. Ha pasado el tiempo tolerable. ¿Tolerable?, ¡Si eso es lo más cómodo!  ¡Esperar!. ¿Es cómodo al fin esperar? ¿Es fácil?.
        Me levanto y camino unos metros en la dirección en la que ella tendría que haber aparecido con su vestido liviano y floreado. He decidido irme. Si la cruzo en el camino me quedo, y acaso hablo de todo lo que sucedió a la espera de su llegada. ¿La cruzaré?. ¿El azar puede determinar el encuentro entre lo que deseo y lo ya determinado?. ¿Entre el futuro y mi destino?. 

       Los cartoneros me observan (de seguro que no es la primera vez que lo hacen), mientras yo me acerco a preguntar mi inquietud (la que tuve desde que llegué). Sólo uno de ellos gira para ser el alocutario. 
- Disculpe señor –le dije-, ¿sabe usted cómo se llama esta plaza?.


Roberto Rowies, 2003, Buenos Aires, Argentina.


  

1 de octubre de 2010

Decir algo sin decir nada....

Silencio, quiero silencio. Es lo que necesito en este momento que no es de paz. No hay alegria, tampoco hay temor. Hay. Quiero silencio...
Como una amorosa anticipación, quiero apenas escuchar tu voz, que se desliza por el aire alquitranado de mi ser. Quiero ese silencio. Quiero ese silencio que solo vos me podés dar. 

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Te gesté hace demasiado tiempo. En tiempo de locura. La locura me dio ejemplos; uno de ellos, que todos estamos parcialmente enajenados del yo, del ello, del alter ego; estamos superpuestos. Le dediqué unas páginas en un pueblo perdido de una provincia del sur. El papel creo que se perdió. Hoy tengo la certeza de que mis primeras palabras anticipaban una revelación aterradora, como dijo Borges: "He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer; no he sido feliz". Cierto. Muy verdadero el aforismo prosaico. Me abandono a mi mismo. Me dejo a lo errores. Que los confines del infierno me consuman, me desgarren la carne, y se alimenten eternamente de este genio que no existe.

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