30 de septiembre de 2010

Presentación

Presentación de Politica Sudaka, Editorial Eureka, 2009.
 
 

Prólogo por Gastón Zarza

Una primera instancia en la lectura de cualquiera de las obras que conforman este libro nos produce un singular sentimiento de alejamiento. Un universo tan real, trastocado en palabras, en el que proliferan individuos amenazantes, situaciones desconcertantes, fábulas sin ningún tipo de moraleja. Un universo infringido por las relaciones de poder y la arbitrariedad que está cifrando literalmente lo real.
Desde que la novela decimonónica creyó posible trasladar la realidad a la literatura la problemática ha sido siempre la misma, con mínimas variantes: ¿cuál es el nexo que une literatura y realidad? ¿Hay que buscar acaso en la obra al autor y con él todo lo que eso implica; o la obra una vez terminada goza de total autonomía? Borges decía que sus cuentos una vez terminados ya no le pertenecían pero también afirmaba que toda literatura es autobiográfica.
Pueden atribuirse muchas de las turbaciones e inquietudes del autor en su obra; pero las turbaciones de los personajes, en este libro, son la de la mayoría de las personas inmersas en el entramado social. Tanto los personajes que monologan en la primera sección del libro, como el personaje de Federico Burman, al final, hacen explicito lo que nosotros, individuos, en la vida real, dejamos pasar por alto. Sospechas que a veces nos asaltan pero que por un mecanismo de auto preservación naturalizamos enseguida. El autor toma de la realidad, por ejemplo, un caso reciente como el de los Pomar y de allí desteje una red de poder en la que estamos implicados todos.
La pregunta entonces no sería si el arte puede copiar lo real; podemos preguntarnos más bien, si todo lo que genera el mundo puede servir como material para la ficción. Correlato entre vida y obra puede menoscabarse cuando comprobamos que el fin último de todo es poner en palabras el sinsentido del mundo. Es darle, precisamente, sentido. De allí nace la literatura.
Porque hay una nueva manera de relacionarse con el mundo y una manera diferente de entender esa realidad y no sólo la literatura.
De qué sirve tener valor, se pregunta Burman, en Pompeya, si al final un tiro en la cabeza acaba con todo. ¿De qué sirve tener el valor de escribir? Sirve para evadirse, sí, pero también sirve para enfrentar esos mecanismos de poder y la arbitrariedad de una sociedad jerarquizada que excluye y condena. Sirve para salir de ese lugar impuesto.
Con Política sudaka asistimos a una nueva forma ya no de representar el mundo sino de distinguir con la minuciosidad de un artesano la inmersión en el mundo actual del hombre y sus desdichas.

Pablo Gastón Zarza, 30 de Diciembre de 2009