12 de septiembre de 2010

Fragmento de París - Buenos Aires, ESQUISO, Editorial Eureka, 2010

Esquiso, Editorial Eureka, 2010


(...) Había algo en ella que todavía me gusta. O tengo esa sensación. La inconsistencia, la inconformidad. Ese olor a café de Buenos Aires con calle de París, ese acento nasal que cuando se mezclaba con el cigarrillo armado, le desarmaba la boca.
-Lo sabías… repetí y solté una carcajada. Ella se rió conmigo.
-Lo sabías –le dije de nuevo- y repetí la risotada.
-Si, te dije que ya lo sabía.
Eso que yo le digo nasal o barrio porteño es lo de menos. Había que verla caminar por la calle de adoquines en San Telmo, o en “Parc des Buttes Chaumont”, disfrutando esa sensación, diciéndome “es un día a día”. Y se paraba en el cordón de la vereda, en Recoleta, y lo recorría como si fuese una equilibrista, hasta el final y me abría los brazos para que la fuera a buscar. “Merde fou”.
Era esa inconsistencia, ese no placer. “sabes que quiero fumar cuando hablas así”, me decía. Sí, era eso que no lo podía reconstruir con las manos. Lo formaba el momento, la contradicción. Y se lo repetía: “merde fou” y ella se excitaba de a poco. “Vamos a fumar y después a mi casa”, me decía.
-“Oui, Laura, oui”. (...)